Ese, si ese, ese tipo, flaco, alto, blanco, con principios de calvicie, con gafas de forma redonda de un blanco metálico. Con el que te tropiezas en el portal del norte, el que se sienta al lado tuyo en el cine, ese, el extraño sin nombre, el fantasma tangible. Ese tipo el que no permanece en tu memoria más de cinco minutos, el, el no es más que un código binario de infinitas posibilidades.
Al contrario de lo que piensas, no era un accidente el que él estuviera en la estación de transmilenio del Polo, era una tarde que apuntaba a noche, nublada, oscura, estaba lloviendo un poco, como los últimos seis meses de Bogotá, o sea, un día normal, estaba vacía pues era Domingo. Mientras sus metálicos pasos resonaban en el piso, se dio cuenta del frio que estaba haciendo esa tarde/noche, ese frio, ese hermoso frio que se mete entre los huesos, ese frio que hacia famosa a Bogotá, ese frio lo hizo pensar en su vida. Cuando era niño se dio cuenta de que no era como los demás, más bien le gustaba estar solo, no le gustaban los juguetes, no lloraba por una cajita feliz, es mas nunca en su vida había llorado, le daba lo mismo si comían en un caro restaurante griego a altas horas de la noche, o en McDonald’s. Cuando creció un poco mas ya tenía por seguro que no era como los demás, mientras a sus compañeros de clase parecían pasar por un drástico cambio, el se sentía como la misma persona pero con un extraño comienzo de barba, ellos parecían comenzar a conocer eso que los humanos llaman Amor, pero él, el solo se conocía a si mismo, el ya lo sabía, pero los exámenes que presentaba en el colegio estaban comenzando a demostrar que el tenia una mente más que excepcional, después se graduó como el mejor en la historia del colegio, decidió estudiar matemáticas pues eran absolutas sobre las demás artes, pero abandono la carrera en segundo semestre pues su maestro le dijo que todo era una mentira, solo una ilusión, fue una de las pocas veces de su vida que algo le importo de verdad. El día que cumplió veinte años se fue de casa, fue un gran alivio dejar de fingir que ellos su familia le importaban aunque fuera un poco, la adultez fue un gran acontecimiento para el algo con lo que soñaba desde niño, dejar de obedecer a los mayores, dejar de fingir que era una persona común, por fin podía quedarse solo en su silencioso y frio apartamento. Recordar el frio le hizo darse cuenta de que ya casi iba a llegar a la incomoda y mal diseñada salida de las estaciones, mientras subía las escaleras sus ya casi viejas rodillas sucumbieron ante el frio y mandaron una señal al cerebro, el cerebro confundido mando una señal de dolor mezclada con placer, el no tuvo otra opción que sentirlo y dejar el frio ser lo hermoso que es. Después de darse cuenta de que la mayoría de la gente de esa edad se casaba, comenzó a preguntarse si el necesitaba una pareja, solo por aparentar claro esta, después de todo el nunca había sentido amor hacia una persona, o siquiera alguna emoción de ese tipo, no había podido encontrar a una mujer lo suficientemente inteligente y bella, tal vez la hubiera visto alguna vez pero no habría sentido nada por ella, después de las insistencias de su madre decidió casarse con Nancy, la escogió por ser la mujer mas callada, paciente e infeliz que jamás haya visto, al contrario de lo que piensas no tuvo una niñez infeliz, una adolescencia depresiva, o una adultez dolorosa, jamás se considero un fracasado y tampoco lo fue, estaba por encima de todos nosotros y lo sabía, no tenía ningún motivo para ser como era, y esto, esto lo hacia el malo más grandioso que jamás hayas visto. Termino de bajar los escalones y se dio cuenta de que no había nadie, solo el silbante viento, los arboles trataban de dormir pero no podían, no vaya a ser que el malvado CO2 se tomara el planeta mientras ellos descansaban. Y sucedió, tan de repente, tan coincidencial, tan hermoso, la vio, ella era, tenía que serlo. Se acerco lentamente, y saco del bolsillo izquierdo del pantalón su arma homicida de dieciséis pulgadas hecha en un principio para cortar tomates, no almas, ella era como todas las niñas con un peinado igual al de las demás, con una ropa igual a la de las demás, rubia, pequeña, blanca como la nieve, labios rojos como la sangre, la muy ingenua, creyó que la estaban robando y saco su celular prematuramente, el siguió tajante y la apuñalo, el celular cayó produciendo el sonido de la batería y la carcasa separándose, esparciéndose por toda la superficie como un todo que se fragmenta, la sangre estaba ansiosa por salir pues era la primera y ultima vez que salía a conocer la ciudad, o por lo menos la primera vez que lo hacía con toda su familia, al ver tanta sangre se dio cuenta de que estaba muerta y que tal vez no podría llegar a la fiesta, por lo menos no con el corazón partido.
Me gusta, es ágil.
ResponderEliminar